Fármaco desarrollado en España salió del mar

Fue en el mar donde se descubrió el primer antitumoral de desarrollo español.

Basta echar un vistazo rápido a cualquier farmacia o botiquín para darse cuenta del gran arsenal terapéutico del que disponemos. Sin embargo, pocos conocen que si este arsenal farmacológico dependiera de los descubrimientos de nuestro país éste quedaría reducido a la lastimosa cantidad de unos cuantos fármacos. Y pocos de ellos hubiera visto la luz si no fuera porque detrás existían grandes empresas extranjeras que metieron dinero y recursos en su investigación.

Pues sí, amigos, si de nuestra mentalidad emprendedora e inventiva patria dependiera la salud del mundo, íbamos “apañaos”. Como muy bien dijo hace tiempo Miguel de Unamuno: “¡Qué inventen ellos!” y parece ser que hemos seguido su palabra casi al pie de la letra.

¿Cuáles son estos fármacos que se empeñan en ser honrosas excepciones en nuestro país? Pues son, entre otros, el antibiótico fosfomicina y el antitumoral trabectedina (Yondelis)…

Trabectedina

Si hace décadas lo que estaba de moda era buscar antibióticos entre la tierra, en estos últimos años lo que es el no va más es buscarlos en el agua, concretamente en océanos y mares. ¿Por qué esa fijación actual? Porque, hasta hace poco y por motivos de dificultades técnicas de accesibilidad, la biodiversidad química de los organismos marinos había sido muy poco estudiada comparada con los terrestres y desconocemos gran cantidad de moléculas que podrían ser terapéuticamente beneficiosas. Además, también hay que tener en cuenta que muchos organismos marinos poseen compuestos químicos muy activos a baja concentración. Esto es debido a que son mecanismos de defensa especializados en ejercer un efecto potente aún estando diluidos en el agua y este fenómeno natural resulta de gran interés en el terreno de la farmacología.

En una de las investigaciones que llevó a cabo el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos para descubrir moléculas beneficiosas a partir de un screening de organismos marinos, se descubrió en 1969 que el tunicado del Caribe Ecteinascidia turbinata poseía alguna sustancia con actividad anticancerosa. Sin embargo, habría un gran problema, no se tenía ni idea de qué sustancia en concreto se trataba y fue imposible identificarla durante muchos años. No fue hasta 1984, cuando se pudo identificar gracias a los avances de la tecnología y a un investigador de la Universidad de Illinois, KL Rinehart: Se trataba de la trabectedina y era la pesadilla de todo químico, puesto que era una molécula altamente compleja e imposible de sintetizar químicamente por esas fechas.

Debido a esa imposibilidad técnica de fabricar la trabectedina, no hubo interés alguno en esa molécula hasta que una modesta compañía española llamada PharmaMar (perteneciente al grupo Zeltia) licenció el compuesto en 1994. Esta compañía se centra en la búsqueda de nuevos fármacos a través de la investigación de organismos marinos. Y, así, sus científicos bucean a lo largo del ancho mar u océano recogiendo muestras.

¿Y qué sentido tenía que PharmaMar licenciara el compuesto si no lo podía sintetizar? Pues porque, más chulos que nadie, se les ocurrió una apuesta arriesgada: Si no podían sintetizar el compuesto en el laboratorio, cultivarían el animal que lo producía en el mar. Y así fue como esta compañía creó granjas submarinas del tunicado en cuestión. Aparte de la dificultad que ya ese propósito conllevaba era un proceso enormemente ineficiente; por cada tonelada del tunicado se obtenía un mísero gramo de trabectedina y hacían falta al menos 5 gramos para un ensayo clínico corriente y decente.

Por suerte, a lo largo de los años 90 se pudo conseguir crear dicho compuesto artificialmente gracias a investigadores estadounidenses, hasta llegar al proceso de síntesis más actual (y desarrollado por PharmaMar) que consiste en partir del antibiótico Safracina B y hacerle unas cuantas modificaciones químicas hasta obtener la trabectedina. Así fue posible obtener la molécula en grandes cantidades y probarla en ensayos clínicos. En la actualidad dicho fármaco se comercializa como Yondelis, el primer antitumoral considerado español porque fue una empresa española la que por perseverancia y cabezonería logró llevarlo a la realidad (aunque también fue importantísimo el papel de los americanos). Sus principales indicaciones son para el sarcoma de tejidos blandos y cáncer de ovario recurrente aunque se espera que en un futuro posea aún más indicaciones.

Fuente: medtempus

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