Pascal Bernabé: Record mundial de profundidad con escafandra autónoma en 2005

El francés Pascal Bernabé es un especialista en inmersiones a grandes profundidades, tanto en mar libre como en ríos subterráneos, entre otros, en 1988 el de la Fontaine de Vaucluse (nacimiento del río Sorgue), en donde sus indicadores de profundidad quedaron bloqueados a -200 m. y siguió descendiendo durante 4 minutos, por lo que piensan que llegó a -250 m. Al año siguiente, en la zona del Languedoc-Rosellón, también en espeleología submarina, baja al Foux du Mas Barnal, -163 m. y un recorrido de 370 m. dentro del agua y los mismos al regresar.

En 2004, frente a la Costa Brava, a unos 8 kilómetros de la costa, prepara una inmersión a – 320 m. pero el mar se embravece, con olas entre 1 y 2 m. y le hace desistir del intento.
Finalmente el 5 de julio de 2005, frente a las costas de Córcega, las condiciones meteorológicas le permiten intentar el descenso, pero, llegados a este punto, dejemos que sea él quién nos haga el relato de su inmersión.

pascal_bernabe

Martes 5 de Julio 2005 Propiano/Córcega, 9h de la mañana

“Hace años que espero este momento: estoy sentado confortablemente en la embarcación del club U-Levante de Denis Bignand. ¡Bajo mis aletas, tocando el agua, 400 m. de profundidad! Las aguas del Valinco están tranquilas. ¡Es inesperado! ¡Hemos tenido que aplazar tan seguido esta inmersión a causa del viento!
La realización de esta inmersión se había convertido en una obsesión, una idea fija.

A poca distancia, se puede distinguir sobre la costa, Porto Polo. A mis pies, la gran boya azul a la que está fijada la cuerda de 350 m., con un lastre de 50 Kg., que se hunden hacia el abismo…. I que me espera. Lástima de esta bola en el estómago que no desaparece a pesar de la relajación, una respiración tranquila y por encima de todo, las buenas condiciones. A mi alrededor, el equipo de afana; Hubert, François, Tono Christina, Sophie, Frank y Denis del U-Levante. Ya he unido mi viejo bi de 18 litros con uno de 7 litros más, para mi traje estanco y unos flotadores dobles muy compactos.

He reducido el material al mínimo, con el fin de disminuir los riesgos de error y de confusión, allí en el fondo.

Únicamente las cantidades de gas han sido “sobredimensionadas”. Mi obsesión ha sido siempre el que me pueda faltar.

Entrada al agua y fin de los preparativos, un poco laboriosos pero necesarios. No quiero dejar nada al azar. Procuro mantenerme concentrado a pesar de los pequeños problemas del último minuto. Visualizar una vez más la inmersión, ver si no he olvidado nada en el largo check-list, tan largo como para una salida al espacio. Por otra parte, la remontada desde el fondo será más larga que el retorno desde el espacio. Por lo tanto es un largo viaje hacia lo ignoto, para el que me preparo. Con sus incertidumbres, a pesar de la minuciosa preparación, sobre todo por mi estancia en el fondo, ya que solo 3 escafandristas han ido más allá de los -300m.

Finalmente inicio mi inmersión, un poco sobrecargado con mis 6 grandes botellas. Atravieso la superficie, frontera entre el aire, los amigos, la seguridad y la soledad.

Normalmente en este momento debiera desaparecer mi stress, pero no es así. Pequeña pausa “concentración” a -6 m., pero tengo prisa por llegar al fondo, de finalmente saber. Inicio del descenso, primero lento y después cada vez más deprisa gracias a mis plomos.

A -70 m. cuelgo mi botella de 18/50, paso a la6,72 y empiezo a coger velocidad. Paso la cota de los -100 m sin prestarle mucha atención y continúo aumentando la velocidad.

Sobrepaso la etiqueta -150m. Durante mis primeras inmersiones con mezclas en 1993, esta profundidad parecía casi inaccesible. Pero a partir de 1996, entre las exploraciones a cavernas inundadas y las inmersiones de asistencia con Pipín y Audrey Ferreras (buceadores de la categoría sin límite)* descendí una quincena de veces entre -150 y -174 m., con frecuencia en condiciones difíciles y con tareas a realizar (Explorar, desenrollar el cable, filmar, asistir…), lo cual me procura un cierto confort psicológico en esta profundidad; bajando, pero principalmente en la subida por las paradas de descompresión. Una inmersión “speleo” con reciclador Voyageur a -150 m. (7h30) un mes antes, me puso en condiciones.

Acabo de sobrepasar los -200 m., por tercera vez desde que efectúo inmersiones profundas.

La primera vez fue en la inmensa caverna inundada de Fontaine de Vaucluse en 1996 a más de -250 m.! La segunda vez, en el mar frente a las costas catalanas a -231 m., con el mismo equipo de personas, a partir de la embarcación Majunga de François Brun. Hoy es casi una formalidad ya que nuestro objetivo es mucho más profundo.

Sin síntomas de SNHP (síndrome nervioso de las altas presiones)

La cuerda pasa rápidamente entre mis guantes. ¡Demasiado deprisa! Necesito toda mi concentración para hacer pasar las botellas al gran mosquetón que me asegura a la cuerda, hinchar mi traje estanco, por suerte equipado de una buena entrada de aire.
Llego a la última botella de 20 litros fijada en la etiqueta -250 m. que se encuentra a -265 (a causa de la elasticidad de la cuerda) con un cyalume (1), como todas las botellas profundas.

Momento difícil, dejo la botella de 20 l. 6/72 de la que respiro desde los -70 m., empiezo a respirar de la mezcla profunda, paso el nudo: demasiadas cosas al mismo tiempo. El síndrome Nervioso de las Altas Presiones se ha instalado bien bajo la forma de ligeros temblores, pero principalmente por la dificultad de concentración. ¡La botella vacía, que tenia que fijar, resbala sobre la cuerda y se me escapa! Los compañeros la recuperarán un poco más tarde sin comprender demasiado bien y no sin una cierta aprehensión. Para mi, si lugar a dudas, esto no mejorará con la profundidad.

Ahora ya me encuentro más a gusto, “tan solo” cuatro botellas llenas de mezcla profunda.

Curiosamente tiemblo menos que en la Fontaine de Vaucluse más allá de los -200 m.

Tampoco hay un enturbiamiento evidente de la visión (problemas de distancia) a parte de un efecto túnel: mi campo de visión parece disminuido, con poca visibilidad periférica.

Mis reguladores Apeks ATX100 y mi Titan Aqualung funcionan maravillosamente bien.

Casi no me doy cuenta de la marca de los -300 m. a pesar de que debería impresionarme.

Un flash parpadea, señalándome la zona más profunda. Alcanzo la marca de los -320 m. (situada a más de 330/335 m. a causa del estiramiento de la cuerda, ya constatada más
arriba, y de los 50 Kg. del lastre) cuando de repente se produce una fuerte deflagración sobre mi oído derecho, acompañada de un violento dolor en este mismo oído. Mi stress que había desaparecido pasados los -70 m. súbitamente reaparece. En el primer momento estoy convencido de tener una grave lesión de tímpano. Rápidamente hincho mis flotadores VBS e inicio el ascenso. El dolor del oído no aumenta.

Evito pensar en lo que falta, concentrándome únicamente en las tareas que debo cumplir seguidamente.

A -265 m., recupero, con alegría, mi primera botella de seguridad, es el momento de hacer una pequeña parada. Después continúa el ascenso, más lento (10m/mn.) Aún existe una gran diferencia con la Fontaine de Vaucluse, si bien la SNHP había aparecido más pronto, en cambio me desapareció alrededor de los -70 m. Hoy tengo la sensación que a partir de los -220 m. me quedan pocos o ningún síntoma. A -215, segunda parada profunda mientras me pongo el segundo bloque de descompresión. Ahora, aún más despacio (5m/mn), asciendo hacia la parada y la botella siguientes a -165 m. El oído me duele menos de lo que había pensado y ya estoy en terreno conocido. A partir de los -150 el ascenso se vuelve muy lento (3m/mn), en tanto que las botellas se acumulan a mi alrededor, sobre la cuerda y mi arnés.

Cuando alcanzo los -70 m., son 9 botellas de 20 l, las que he de manejar.
A -65 m. paso a la segunda cuerda. Es con alegría que ahí encuentro a François Brun, con el que normalmente exploro los pecios profundos, en particular uno frente a las costas catalanas, a -105 m. Han transcurrido 3 semanas desde nuestra última exploración, una forma como otra de entrenarse.

Va equipado con un reciclador Buddy Inspiration, viene a ver como me encuentro y me trae avituallamiento. Le informo del dolor en el oído y de ligeras náuseas. Me descarga de 4 de las botellas y después de haberme acompañado un buen rato, se va para hacer sus propias paradas.

Hubert Foucard toma el relevo alrededor de los -50 m. Es un adicto a las inmersiones “barrocas”, como las denomina: profundas en espeleología o en el mas hasta los -211 m. (¡no está mal!) asistiendo a Pipin. Me da agua mezclada con Vogalène para prevenir las náuseas. A continuación es Denis quien viene a verme, también con un reciclador, y me trae los apetitosos pequeños purés de legumbres de Sophie, en jeringas gigantes, Este alimento salado es una buena alternativa a la leche concentrada, crema de castañas, compota, gelatina y agua, que ya había absorbido. Después me trae un reciclador, que no funcionará. La continuación se efectuará por tanto a circuito abierto, pero sin ningún problema térmico particular, a pesar de los altos porcentajes de Helio.

A partir de los -30 m. empiezo a notar la fuerte marejada de la superficie. El dolor del oído se amplifica y pronto cada movimiento de la cuerda se convertirá en un calvario. La descompresión se convierte en un suplicio. Además alrededor de los -12 m. empiezo a notar el mareo. El hecho de soportar el dolor y las náuseas empieza a agotarme. El final de la descompresión se hace en compañía de Christian, Pierre, Lolo, Francis y su mujer Silvane que me acompaña a -3 m y hasta la superficie, que atravieso después de 8 horas y 47 minutos de inmersión.

El retorno a la superficie, con el que he soñado durante toda la descompresión, es brutal: soy sacudido por una fuerte ola, lo cual no mejora el mareo.

Mis amigos se hacen cargo de mi equipo mientras yo subo con dificultad a la zódiac.
Una vez arriba soy trasladado rápidamente a tierra por mis viejos compañeros Tono y Deit. Aún agotado, continuo respirando oxigeno durante una media hora, en tierra, al tiempo que me rehidrato abundantemente (agua sin gas y agua más Adiaril).

Debería sentirme satisfecho, pero tan solo me encuentro un poco más sereno y un poco frustrado por el descenso vertiginoso pero demasiado corto que ya es solo un recuerdo.

El JUEGO hoy ha funcionado, mis previsiones no eran demasiado malas.

Ya estoy pensando en qué es lo que se podría mejorar…….
PASCAL BERNABÉ http://pascalbernabe.com/WordPress/?p=516

Nota complementaria:
Los récords anteriores eran:
Jhon Benett, noviembre 2001, en Filipinas -308 m., tiempo total 9h30
Mark Elyott, diciembre 2003 en Tailandia -313 m.

(*) Descenso a pulmón libre con peso adicional y retorno con globo
(1) Varita que al doblarla produce luz

Logística para la inmersión de Pascal Bernabé
Equipamiento: Traje estanco con ropa interior caliente y calefacción eléctrica
Mezclas de bajada: Trimix en botellas de 18 y 20 l. con reguladores compensados
Mezclas de subida y de descompresión: Trimix, Nitrox y Oxígeno en botellas entre 12 y 20 l.
Un reciclador de circuito cerrado Voyager (Aquatex) para la descompresión (como habéis podido leer, este aparato falló)
3 grandes boyas
500 m. de cuerdas (la de 350 m. para el descenso y una para la descompresión)
Lastre de 50 Kg. para la cuerda larga.
1 ROV en el fondo, para las imágenes y la seguridad (pequeño vehículo submarino con mando a distancia)
Finalmente, todo el equipo de escafandristas de soporte, el cual ya es descrito al principio.

Introducción, traducción y comentarios: Joan Foix Cenefels, con la autorización de Pascal Bernabé.

 

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